Rush incendia el Foro Sol

Los canadienses dejaron claro que su vocación vanguardista les permitió llegar duros y potentes a una época nueva y plana


Por LEONARDO TARIFEÑO Y JUAN CARLOS GARCÍA / Grupo Reforma

Ciudad de México (6 octubre 2002).- Las tres horas durante las que Rush explotó en el Foro Sol formularon una de las mayores preguntas del rock actual: ¿cómo hace una banda de rock progresivo para sonar vigente, 20 años después de sus mejores discos?.


La respuesta de Rush fue paradójica, ya que su estilo cósmico y medieval convence más en sus canciones clásicas ("Tom Sawyer", "YYZ" y la balada "Closer to the Heart") que en todo lo posterior a "Roll the Bones", de 1991.
Nada más moderno que lo viejo, pudo leerse en la cristalina voz de Geddy Lee.

Próceres de una época empeñada en heredar a Led Zeppelin y King Crimson, Rush siempre marcó la heterodoxia progresiva, como si la guitarra de Alex Lifeson brillara mejor en un imaginario paisaje tolkeniano que en el horizonte inventado por Jimmy Page, Robert Plant o Robert Fripp.

Esa heterodoxia, quizás, garantizó su supervivencia.

En el show de la noche de ayer, Rush dejó claro que su vocación vanguardista les permitió llegar duros y potentes a una época nueva y plana, donde (casi) no hay espacio para un sonido alternativo a la monotonía radial.

Si 20 años atrás había algo de hechicería en discos como 2112, A Farewell to Kings o Moving Pictures, hoy esa magia aterriza para recordar que la coherencia es el mayor sortilegio. Extraño destino el de una banda que fue contraseña de fanáticos exquisitos y ahora regresa para cautivar a post adolescentes nacidos cuando moría Black Sabbath.

Tal vez no sea otro el destino de la coherencia: un pulso ajeno al tiempo y a la moda, que en el caso de Rush vibra especialmente en cierta energía visionaria ("Red Barchetta", "The Spirit of the Radio") y en el virtuosismo gótico de Peart y Lifeson.

En el Foro Sol, Rush fue lo suficientemente antiguo como para tocar durante nada menos que tres horas.

Hace unas décadas, su música inventó el futuro, que acaba de llegar. Hoy, el trío canadiense se conforma con ser actual. No parece poco para un grupo que en esta visita a México reunió a varias generaciones, todas víctimas de un hechizo rockero que no quiere morir.

Realiza Rush un cocierto dinámico e intenso

En Geddy Lee, Alex Lifeson y Neil Peart, el significado de la palabra "rush" adquiere otra dimensión y toma otra interpretación.

Los músicos de la agrupación canadiense le enseñaron a los mexicanos en su primer concierto en este país que Rush significa prisa, apremio y dinamismo, como lo sugiere el idioma inglés, y también destreza, talento y euforia, como lo sugieren ellos en el lenguaje de la música.

Ayer por la noche en el Foro Sol, fueron los canadienses quienes revitalizaron su propia historia y le añadieron más definiciones a su propio nombre, el cual es asociado con talento en el cine por Geoffrey Rush y con energía en algunos temas melódicos, con este nombre como título.

Fue "Tom Sawyer" la introducción que la tercia seleccionó para su recital. Desde el inicio rompieron con el silencio y refrescaron al público con su dinamismo y energía.

Así, anticiparon que las tres horas de show, dividido en dos partes y con un encore, serían inolvidables para los presentes: "New World Man", "Between Sun and Moon" y "Trees" elevaron la temperatura del foro que acogió a 30 mil almas unidas por el rock de arena de la banda formada en Toronto en 1968.

Los no conocedores de la agrupación no daban crédito al hecho de que sólo tres personas, con su habilidad ante los instrumentos musicales, dominaran de principio a fin y en todo su abecedario el ánimo y los deseos de tanta gente. Era una realidad.

Rush suele tener intermedio en sus recitales y México no fue la excepción.

Al inicio de la segunda parte, un dragón digital apareció en la pantalla gigante para jugar con la imaginación del espectador y al final, dejó escapar llamaradas de fuego, lo que provocó que, a la par, el escenario estallara en llamas.

"Gracias, (van a tener) mucho, mucho 'songs'", dijo Geddy, entre canción y canción.

El humo, las luces, los efectos auditivos y el fervor de los artistas hacia su propia creación se fundieron con los gritos, las ovaciones, la histeria colectiva, la fuerza de la concurrencia.

Si en un momento les falló el sonido a la banda, cuando se quedaron por aproximadamente 40 segundos sin audio, lo compensaron con maestría, repertorio y muchas ganas.

"Ghost Rider", "Vital Signs", "Natural Science" y "Secret Thoughts" repasaron las memorias de los asistentes y los músicos.

Un par de temas instrumentales y un impresionante solo de batería de Neil Peart, que duro cerca de 10 minutos y en el que el músico tocó con gran virtuosismo más de 30 elementos, hicieron que la concurrencia alabara a la estrella con trágica historia personal y brillante carrera profesional.

"Resist" iluminó la noche estrellada al ser interpretada por Alex y Geddy en tono acústico. Les hizo la noche a los románticos, quienes encendieron su propia luz para comulgar con el espíritu de la melodía.

Con rayos láser formaron figuras geométricas en el aire y jugaron con los tonos de las luces en orden y progresión, respecto a su propio matiz. Hubo humo, sudor, energía eléctrica, conexión entre la gente.

Tres máquinas secadoras de lavandería hicieron alusión al poder de fuerza física y musical que puede ejercer Rush ante sus seguidores. Fueron más allá y le pusieron otra definición a esta dinámica palabra.

A toda 'prisa' en México

Lo sorpresa: Un dragón digital escupió fuego en el escenario.
Número de canciones: 26
Efectos visuales: una pantalla gigante con efectos digitales, rayos láser, la animación y el juego de luces por orden de matices y colores en cada canción.
El más aplaudido: Neil Peart, por su solo de batería.
La melodía más celebrada: "Resist", que ninguno tenía contemplada en el programa y que cantaron por considerar muy especial la noche de ayer.